El alcohol con la violencia está íntimamente relacionado. No sólo con el homicidio, sino también con la violencia de género.

El alcohol tiene un mecanismo de acción determinado, en el cual con poca cantidad hay una liberación del freno de lo moral, por lo que la persona se desinhibe.

El alcohol produce una excitación del sistema nervioso central (irritabilidad, agresividad, descoordinación, etc), lo que hace que la persona pierda la noción de los límites. Además la combinación del alcohol con otras drogas produce un efecto que también aporta para que se den estos tipos de episodios.

Otra afección es la celotipia alcohólica, la cuál se da en un enfermo crónico. Los celos son un rasgo bastante común en un alcohólico. Estos nacen como consecuencia de la impotencia que padece el enfermo y del rechazo del que es objeto.

Con respecto al consumo de alcohol es probable que se dé un consumo mayor durante el verano. Aquí se ingiere una mayor cantidad de bebidas fermentadas (como la cerveza) que tiene una concentración diferente y produce otro tipo de efectos.